AGRADECIMIENTO DE UN SACERDOTE
Hace 35 años, había pensado qué cosa se le puede dar a Dios, aún no entraba al Seminario- ¿qué le puede ofrecer al Señor, un pueblo como éste de sueños blancos y de mujeres que, con las tinas de ropa al hombro, vuelven cargadas y satisfechas de su labor? ¿Qué puede ofrecer a Dios un pueblo como este de tierra morena y de hombres de campo, labriegos que desde temprana hora salen al surco a llevar la semilla y esperar con paciencia el surgimiento de las nuevas plantas para seguir con la cosecha? ¿Qué puede ofrecer a Dios una comunidad, con tantos defectos pero al mismo tiempo tan llena de esperanzas en un futuro que no se puede planear?...
No, perdón, me equivoqué de pensamiento, vuelvo atrás, y replanteo la pregunta, no, no es la pregunta, es la respuesta: es verdad que este es un pueblo de sueños blancos pero firmes, de tierra morena, dice la Escritura –pero hermosa- pero productiva, de defectos, sí, pero también de grandes valores que llevamos en el corazón, lo que nos hace mirar al cielo.
Y es que el cielo ha hecho productiva esta tierra, este suelo no solo en las cosas de siembra material, sino que, como en pocas, se ha dado por corresponder a la semilla que Dios ha sembrado, grandes y valiosas respuestas se han encontrado a lo largo de la historia, consagrándose a Dios de una manera especial: sacerdocio, vida consagrada y vida religiosa: ¿Cómo no recordar a grandes hombres de vocación surgidas en esta parroquia? De aquí ha salido un gran número de sacerdotes, llamados del clero secular, que han ido a fortalecer a diferentes diócesis; así mismo podría decir de las diferentes órdenes religiosas que se han enriquecido con las vocaciones y llamados del Señor. No es menor el llamado de mujeres a la vida religiosa.
No quiero dejar pasar la oportunidad de expresar gratitud a tantos y tantos sacerdotes que en esta parroquia dejaron la huella de su paso, sin decir nombres, amaron esta tierra y esta parroquia, esta feligresía.
Entonces no es poco que sea voluntad de Dios que se entregue el alma y el cuerpo, dejándolo todo por seguir, de tal forma que, si Dios llama ¿Quién no ha de responder?
Hoy, pues, expongo mi gratitud hacia Dios que es el origen de todo llamado y por lo tanto de toda vocación, y que hace 25 años me llamó al servicio ministerial a través del Sacramento del Orden, ahora pregunto ¿no será el origen de las vocaciones, y de muchos milagros que narra el P. Esteban Nieto, sobre esta bendita imagen del Señor del Perdón? Hoy quiero hacer mía una breve poesía que, un hijo del pueblo, sacerdote jesuita compusiera al Señor:
- Al “Señor del Perdón”
Imagen de mi Dios crucificado,
custodio antiguo de mi patrio nido,
jamás la negra mano del olvido
del fondo de mi pecho te ha borrado.
Por los maternos labios invocado,
con íntimo amor, junto a mi oído,
fue tu nombre dulcísimo, el sonido
primero por mi lengua articulado.
De tu almo pecho en la amorosa llama
cifrada está mi gloria y mi fortuna
con la de un pueblo que su REY te aclama:
¡Tierra bendita que amo cual ninguna
porque, ferviente cual ninguna, te ama,
y a tu amparo meció mi humilde cuna.
Rómulo Díaz. S.J.-
Este suelo de tan amoroso encuentro con Dios también ha sido un lugar donde María Santísima se ha hecho presente ¿Cuánto amor recíproco se tiene entre este pueblo y la Sma. Virgen María? ¿Cómo no agradecer su presencia en la historia mía?, agradezco pues, la maternal intercesión y cuidado de María, en toda la historia mía. Agradezco a cada persona que ha hecho oración por mí, desde la infancia hasta el día de hoy. Una de las cosas que agradezco infinitamente a Dios es la gran familia que me ha dado sin tener que decir sus nombres, uno por uno; al pueblo entero y cada una de las parroquias y comunidades que me vieron crecer y esperaron ver mi sacerdocio.
Si de algo he de dar gracias a Dios, es que haya puesto a ustedes a mi lado en este tiempo para crear lazos de vida eterna: mis grandes amigos con quien Dios nos hizo coincidir, no digo sus nombres tampoco para no quedar en mal con alguien por no decir su nombre.
Recordaba una canción de Leonardo Favio, más que una canción, una poesía, -“hoy no quiero cantar, faltan tantos a mi lado…”
Tantos que me quisieron… abuelita milagros, que haces pan de la nada, mi padre, tan niño muerto…; familiares, amigos, feligreses y tantos y tantos con los que he compartido juntos la brevedad de este mundo y que son parte de una canción que brota del alma y que me hace extrañarlos, aun con el paso de los días y de los años…
Pido por ellos a Dios y que sepan que se siguen llevando en el corazón, qué más podría uno desear sino seguir juntos persiguiendo los sueños, pero no queda más sino seguir en el trabajo diario a la espera del día en que volvamos a encontrarnos en el Reino para gozar de la gran familia que en la tierra fuimos.-
Hoy también quiero aprovechar la ocasión para pedir perdón a Dios por mis faltas, errores y pecados, que al igual que cualquier fiel se equivoca y es necesario corregir a tiempo antes que se vaya a mayores, pedir perdón a Dios por la ineptitud, la ineficacia, la incapacidad, faltas consentidas y también involuntarias que, por ignorancia se cometen, y que no dejan de ser dañosas.
Pido perdón a ustedes, porque sé lo que soy y con frecuencia les llega a ser molesta mi insistencia o mi tesón, por mi forma de ser, no…, de eso no, porque eso, creo que lo llevo en la naturaleza y tendría que dejar de ser lo que soy para ser lo que no he sido o lo que no seré, incluso lo que me gusta de mí y no lo quiero cambiar.
Finalmente, hace algunos días me han preguntado que si volvería a ser sacerdote, después de saber lo que sé y de hacer lo que he hecho: SÍ, firme y convencido de que lo que he vivido, no le cambiaría nada, porque pienso que lo que he vivido lo hemos pasado todos los sacerdotes, y que ninguno es la excepción: sufrir, padecer, reír, enojar, una vida plena de satisfacciones pero también de sentirnos plenamente humanos en todos los aspectos, y por tanto completamente vivos. SÍ, y de eso no hay nada que se pueda vender o comprar, nada, absolutamente. Si tuviera que vivir de nuevo que he vivido lo volvería a hacer, porque en esto eres más que padre de familia, hermano, psicólogos, eres más y llenas de esperanza muchos corazones y aumentar la fe. Dar gracias de todo eso. Felicidades a mis amigos y compañeros de ordenación, de oración y de compañerismo, felicidades a todos y cada uno de ustedes, GRAN FAMILIA
Atte. Pbro. Octavio Martínez Alvarado.