EL ENCUENTRO DEL DESTINO
Dos almas vagaban solitarias, en un inmenso océano de silencio, ambos creían haber entendido la soledad,
como si el destino les hubiera condenado a un perpetuo exilio del alma. Pero el universo, con su misteriosa forma de crear, conduce siempre las piezas hacia un punto, donde la coincidencia se convierte en causalidad, y el azar revela su verdadera intención.
Una tarde, cuando el sol ya se escondía,
detrás de un horizonte de sueños incompletos, la música sonó en la lejanía, y condujo a esas dos almas a encontrarse en sus miradas.
No fue la palabra la que los unió,
sino el reconocimiento silencioso que
uno encontró en el otro.
El amor les llegó como un susurro del viento, un eco de algo que siempre estuvo allí, esperando a ser descubierto.
Se reconocieron no por lo que eran, sino por lo que juntos podían ser, como si en el encuentro hubieran hallado el propósito de su soledad.
Y en cada palabra y en cada beso
buscan entender al verdadero amor, ese que nace del destino, una invitación a explorar el misterio del otro,
sabiendo que la respuesta no importa tanto como la compañía en la búsqueda.